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La desgracia de unos, es el éxito de otros

Mar 17, 2025

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En la sociedad existen relaciones de interdependencia que pueden parecer contradictorias o moralmente ambiguas, porque el bienestar o el beneficio de algunos significa el sufrimiento y las dificultades de otros. 

El estribillo de una legendaria canción que dice: “El vivo vive del bobo y el bobo de papá y mamá” refleja una realidad social en la que algunos prosperan a costa de los demás y se cumplen las profecías consagradas en tantos refranes y dichos populares como: “el pez grande se come al chico” y otros tantos que son tan reveladores como las profecías. 

Estas frases, aunque coloquiales y simpáticas, encierra una verdad incómoda sobre cómo funciona la dinámica de algunos sistemas y de cómo la interdependencia entre diferentes roles en la comunidad crea escenarios en los que el éxito de unos está condicionado por la desventura de otros.

Ejemplos concretos de esta realidad abundan porque, a decir verdad, las funerarias se benefician económicamente de la pérdida de seres queridos, un momento de profundo dolor para las familias que en ocasiones tienen que empeñar hasta el alma con el fin de dar sepultura digna a sus familiares y amigos.  

De manera similar, las clínicas y hospitales dependen de la enfermedad y el sufrimiento de las personas para sostener su funcionamiento, mientras que los abogados encuentran trabajo gracias a los problemas legales que enfrentan otros. 

Estos ejemplos ilustran cómo sectores enteros de la renta y la sociedad dependen de circunstancias adversas que afectan a individuos y comunidades, lo que nos lleva a cuestionar lo ético y fundamental o sencillamente a preguntarnos: ¿Es inmoral beneficiarse del sufrimiento ajeno o es simplemente una realidad inevitable? 

En mi opinión la respuesta varía según la perspectiva desde la cual se analice porque desde un punto de vista pragmático, muchos de estos servicios son esenciales y cumplen una función necesaria. 

Los hospitales salvan vidas, las funerarias ofrecen un servicio fundamental en momentos de duelo, y los abogados garantizan el acceso a la justicia y, visto de esta manera, no se trata de una explotación deliberada del sufrimiento, sino de la provisión de servicios que responden a las penurias inevitables de la vida.

No obstante, es importante distinguir entre la existencia de estas relaciones de interdependencia y los abusos dentro de ellas, porque cuando una industria o un servicio prioriza el beneficio económico por encima del bienestar de las personas, surgen dilemas moralistas muy serios. 

Por ejemplo: Los elevados costos de la atención médica generan debates sobre si los sistemas de salud realmente cumplen su propósito de curar o si han caído en una lógica de maximización de ganancias, y de igual manera, prácticas abusivas en sectores como el jurídico o el funerario evidencian cómo el sufrimiento ajeno se convierte en una oportunidad para la explotación. 

Para no ir tan lejos, los servicios y “combos” que ofrecen ahora las funerarias van desde maquillaje de alta estética, serenata, “lloronas” y otros sofisticados mercados que se acomodan al bolsillo del desesperado.

Y qué decir de algunos abogados que piden fuertes anticipos para iniciar el caso, hostigan y presionan hasta no ver el dinero en su billetera y después se desaparecen como por arte de magia, mientras el enjuiciado y su familia suplican por su defensa.

Lo mismo ocurre en algunas las clínicas donde piden altas cifras como depósito para atender lo que se supone es una urgencia, y para ellos, solo es urgencia cuando el dinero está en las arcas de sus cuentas bancarias y entonces ahí sí se ve correr a médicos y enfermeras dispuestos a prestar auxilio, muchas veces tardío. 

En última instancia, la coexistencia de opuestos en la vida cotidiana es una, a veces triste revelación de la complejidad de la sociedad y de la moralidad humana por cuanto, mientras algunas profesiones y negocios inevitablemente dependen de circunstancias adversas, la manera en que operan y priorizan el bienestar de las personas determina si su función es meramente necesaria o verosímilmente cuestionable. 

Lo importante en estos y otros casos, es encontrar un equilibrio entre la prestación de servicios esenciales y la ética con la que se manejan, garantizando que la necesidad no se convierta en una justificación para la explotación y el atropello de aquel que, como el médico, el jurista o el dueño de la funeraria, no estamos exentos de caer en desgracia.

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Mar 17, 2025

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