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Los nietos, ¿amor alcahuete?

Jul 9, 2024

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Los nietos son los hijos de nuestros hijos, la tercera generación en una familia, después de los abuelos y los padres.

La palabra «nieto» proviene del latín «nepos», que significa «descendiente», «nieto» o «sobrino» y la evolución de esta palabra en el idioma español se consolidó a través de la evolución natural del idioma a lo largo de los siglos y de la raíz «nepo» que también es evidente en otras lenguas romances, por ejemplo, en italiano «nipote», en francés «neveu» y «petit-fils», y en portugués «neto».

Así pudiéramos definir de manera fría lo que significa o son los nietos; sin embargo, la traducción del sentimiento que inspiran ellos va más allá de la etimología, porque la conexión de abuelo y nieto es una pasión profunda y especial que, en ocasiones, cuesta mucho definirlo.

Los abuelos sienten un amor insondable y sin condiciones por sus nietos y a ellos, por lo general, se les suele permitir hacer todo aquello que se prohíbe a los hijos, convirtiéndose en «alcahuetes» de lo que a simple vista sabemos no está bien hecho.

Con el paso del tiempo, los abuelos desarrollan una perspectiva más relajada sobre la crianza, y lo que una vez parecía crucial, puede considerarse menos importante con los años, tal vez porque no tienen la misma responsabilidad diaria de criarlos como la que tuvieron que hacer con sus propios hijos y eso les permite disfrutar más y preocuparse menos por aquellas reglas estrictas que otrora se aplicaban con tanta dureza.

Los abuelos se enfocan más en crear recuerdos felices y en disfrutar el tiempo con sus sucesores, sin la presión de imponer disciplina constante y por eso la relación entre abuelos y nietos es diferente a la de padres e hijos porque el veterano asume una posición más permisiva y cariñosa, dejando la disciplina diaria a los padres.

El abuelo reflexiona constantemente sobre cómo formó a sus hijos, de ahí que puede querer corregir lo que percibe como errores o ser más indulgentes en áreas donde antes eran tan estrictos.

Los abuelos tienen la oportunidad de compartir sus conocimientos, experiencias de vida y tradiciones familiares con sus retoños, enriqueciendo así su educación y formación y frecuentemente los vemos participar en actividades lúdicas con sus descendientes, creando recuerdos felices y fortaleciendo ese vínculo afectivo que sus hijos, por andar tras el asedio de sus sueños, dejaron en el olvido.

La psicóloga infantil Danaris Moraz, asegura que “la relación de los niños con sus abuelos se constituye en un apego múltiple, donde se establece un vínculo como el que se tiene con los padres, pero cuya profundidad es diferente a la que los pequeños tienen con mamá y papá”.

¡No lo puedo creer!… dicen los hijos cuando ven a sus padres en “cuatro patas” tirados sobre la alfombra haciendo hasta lo imposible para arrancar una sonrisa del rostro de sus nietos y obtener a cambio un beso tierno en sus mejillas, y qué decir de las maromas y figuras corporales al estilo contorsionista que hacen para que el crío les devuelva en gritos y aplausos el riesgo artrítico de la resbaladiza hazaña.

No en vano se suele decir que, con la llegada de los nietos, se descubre lo que es el amor verdadero porque es una atadura que va más allá del legado de la sangre, es la unión entre dos generaciones que dejará una huella emocional permanente, porque no hay nada más satisfactorio que ser nieto, y con el paso repentino de los años convertirse en abuelo.

Esos lazos de apego, a veces rotos por diferencias, orgullos, rebeldías y posiciones extremistas entre padres e hijos, se restablecen de manera milagrosa con la llegada de los nuevos miembros de la familia, que consiguen cambiarlo todo y poner “patas arriba” lo que supuestamente estaba al derecho.

Entre abuelos, padre y nietos existe una encrucijada compleja porque la trama generacional define el papel que tiene cada uno en la crianza del niño y aunque todos tienen claro la tarea fundamental que juegan los abuelos en la vida de sus nietos, también es cierto que las intromisiones avivadas por el excesivo amor son una trampa peligrosa, ya que en algunos momentos los mayores desautorizan a los hijos delante de sus descendientes, tornando el ambiente en atmósfera pesada, nada conveniente para la educación de los chiquillos.

De manera asombrosa algunos abuelos cambian el concepto de la formación integral, que antes defendían, y se vuelven cómplices de aquella trillada significación del “libre desarrollo de la personalidad”, esa misma que en momentos contradice lo que es una verdadera instrucción y la aplicación rigurosa de los valores refundidos en las nuevas tendencias que, con tanta vehemencia, defienden los “expertos” de hoy.

Como lo señalan algunos académicos, es importante establecer un equilibrio con la presencia de los padres de familia en la orientación de sus hijos, comprendiendo que la crianza debe estar en cabeza de papá y mamá, no de los abuelos, y esa forma de levantar a sus generaciones debe ser respetada, aceptada y valorada por todos.

Ahora bien, en muchos casos los padres dejan a sus hijos al cuidado diario de los abuelos y aunque el amor es infinito, ésto representa una enorme carga para los mayores, porque sus condiciones físicas y mentales ya no son las mismas de cuando les criaron a ellos, por lo que se debe revisar esa desconsiderada acción, a veces cómoda e indolente, que sin duda afecta notoriamente al núcleo y nuevamente pone en riesgo la crianza de los infantes.

De todas maneras, el amor por los nietos es una conexión única que enriquece las ramificaciones de la vida, proporcionando un sentido de continuidad y pertenencia familiar porque, como dice de manera cierta el maestro Héctor Ochoa Cárdenas en su canción el “Camino de la vida”, ellos son “la prolongación de la existencia”.

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Jul 9, 2024

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