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Mujer, más que una evocación romántica, un llamado a la igualdad y el respeto

Mar 7, 2025

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Versos, serenatas, chocolates y flores suelen asociarse con la mujer, evocando un sentido de romanticismo y admiración.

Pero, más allá de estas representaciones simbólicas, la mujer es un ser humano de carne y hueso que, al igual que el hombre, siente, ama, llora, batalla y lucha por llegar triunfante en la maratón de la vida.

La mujer no puede ser considerada como un objeto sexual, así como tampoco el hombre por cuanto desde una perspectiva biológica y psicológica, el ser humano es un ente integral que experimenta deseos y necesidades físicas, mentales y emocionales.

Según la Organización Mundial de la Salud, la sexualidad es un aspecto fundamental del ser humano, que abarca el deseo, la identidad de género, la orientación sexual, el erotismo, el placer, la intimidad y la reproducción, por lo tanto, reducir a la mujer a un simple deseo de placer, es despojarla de su complejidad humana.

En los últimos años, el debate sobre la igualdad de género ha cobrado mayor fuerza en las esferas pública y privada, no obstante, más allá de las consignas y los movimientos feministas, es crucial reconocer que la mujer posee una enorme capacidad gerencial, administrativa e intelectual que le llama a ser igual o mejor, más no, a parecerse al hombre.

Datos del Banco Mundial indican que, en muchas regiones, las mujeres superan a los hombres en nivel educativo; por ejemplo, en América Latina, el 55% de los graduados universitarios son mujeres y según el Foro Económico Mundial, la participación femenina en el liderazgo empresarial ha crecido de manera continuada, aunque aún existen brechas manifiestas en materia salarial y de acceso a posiciones de alto rango.

Por otro lado, la violencia de género sigue siendo una problemática alarmante y según ONU MUJERES, aproximadamente 736 millones de damas han sufrido algún tipo de violencia física o sexual en su vida, la mayoría a manos de sus parejas o de simples depravados que tienen un chip demencial en su atrofiado cerebro.

Los feminicidios, en particular, representan una de las expresiones más extremas de esta violencia y ante el abominable panorama, es imperativo que las políticas públicas refuercen los mecanismos de protección y sanciones para prevenir y erradicar estos actos, garantizando el acceso a la justicia para las víctimas. Cabe anotar que, en Colombia, más del 90% de argumentos de mujeres violentadas no han sido resueltos por parte de la justicia y siguen archivados en los anaqueles del olvido.

En cuanto a los roles tradicionales de género, la idea de que la mujer pertenece exclusivamente al hogar y el hombre al trabajo ha quedado atrás; de hecho, según la Organización Internacional del Trabajo, en muchos sectores económicos, las mujeres han demostrado una participación creciente, y en áreas como la gastronomía profesional y doméstica, los hombres han incrementado su presencia significativamente, desmitificando aquella creencia que la mujer solo nació para estar en la cocina, cuando es una función que corresponde de manera equitativa a la pareja.

Esta evolución demuestra que las capacidades y habilidades no dependen del género, sino de la preparación y la vocación de cada ser, por cuanto la mujer es mucho más que una figura romántica o un símbolo de inspiración poética y por el contrario, es una fuerza vital en la sociedad, con derechos, responsabilidades y un potencial ilimitado, pero más allá de las etiquetas y estereotipos, debemos avanzar hacia una sociedad que valore y respete la equidad, promoviendo oportunidades reales para todos, sin distinción de la propia naturaleza.

Las personas, independientemente de su origen raizal, poseen una diversidad de características que las hacen únicas y en el caso de las mujeres, de manera recurrente se les atribuyen cualidades como la dulzura, la ternura y la sensibilidad, no obstante, estas características, aunque valiosas, no deben ser utilizadas como argumento para otorgar privilegios especiales, sino para reivindicar una igualdad genuina en derechos y oportunidades.

Las diferencias de carácter entre hombres y mujeres han sido usadas para justificar discrepancias y se ha repetido que la fortaleza es una condición masculina y la sensibilidad una femenina, pero la realidad es que ambas pueden coexistir en cualquier persona y, por ende, el reconocimiento de la igualdad no debe basarse en supuestas fragilidades o contrastes, sino en la dignidad inherente a todo ser humano.

Durante siglos, numerosas mujeres han demostrado que la determinación y la inteligencia no están ligadas a un género y figuras como Marie Curie, Frida Kahlo y Malala Yousafzai, han desafiado estereotipos demostrando que la capacidad de liderazgo, la resistencia y la innovación son cualidades del ser más no exclusivas de un sexo.

A decir verdad, se maltrata a la mujer cuando con quien ella determinó compartir su cuerpo y procrear una nueva vida, sale huyendo de su responsabilidad y la deja sola en la compleja tarea, cuando se le violenta para recibir las dádivas de su cuerpo, cuando se margina de grandes propósitos por creerla frágil y débil, cuando la asociamos únicamente a los oficios domésticos de la casa o cuando algunos líderes las nombras en altos cargos, no por sus capacidades sino para cumplir con aquello de la cuota de mujeres en los gabinetes.

Por otra parte, desde tiempos primeros, el ser humano ha sentido una atracción natural hacia la belleza física, un fenómeno que ha sido muy importante en la esencia de la raza y también tradicionalmente, el género masculino ha admirado e incluso codiciado la belleza de la mujer, mientras que las mujeres han apreciado las cualidades físicas de los hombres, interacción que ha sido parte de la evolución de las relaciones.

En la actualidad, la atracción y la admiración trascienden los modelos binarios habituales y cada vez con mayor notoriedad, se reconoce que estos sentimientos pueden surgir dentro de un mismo género, reflejando la diversidad de orientaciones e identidades que existen en las masas colectivas, por eso, más allá de cómo se manifieste el deseo o la admiración, lo básico es que estos sentimientos se expresen dentro de un marco de respeto y dignidad mutua por cuanto el buen trato es el pedestal para que cualquier relación, sin importar su naturaleza, se desarrolle de manera sana y equilibrada.

Por lo tanto, más allá de cualquier cualidad individual, la lucha por la equidad debe enfocarse en la construcción de sociedades donde las oportunidades sean las mismas para todos ya que la igualdad no significa negar las diferencias, sino garantizar que estas no sean usadas como excusa para limitar el potencial de nadie.

Las rosas, los chocolates y la música no son escuetos regalos, sino más bien, emblemas de afecto, dedicación y conexión emocional y en un mundo donde el amor se mide a veces en términos de conveniencia, estos gestos nos recuerdan que lo verdaderamente importante es el reconcomio y la intención detrás de cada detalle y mucho más para ellas que en la mayoría de los casos, son bastión, hombro y sostén de sueños y anhelos de grandeza.

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Mujer, más que una evocación romántica, un llamado a la igualdad y el respeto

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