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«Toda buena acción tiene su castigo»
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Las buenas acciones que traen consigo resultados positivos, tanto para la persona que las realiza como para quienes son favorecidos por ellas, no siempre tienen escenarios plenos de gratitud, porque aquellos que entran pidiendo de rodillas, salen con altivez y arrogancia dando portazos.
Vivimos en un mundo impredecible donde las buenas intenciones no siempre se ven recompensadas de la manera que esperamos y cada vez se ratifica más el sabio proverbio de los mayores que dice: “así paga el diablo a quien bien le sirve”.
El escepticismo ante la bondad, a menudo refleja la idea que vivimos en una sociedad tosca, donde las buenas iniciativas son raras o mal vistas, por eso cuando alguien intenta hacer algo bueno se enfrenta a desafíos, críticas, difamación y toda clase de obstáculos y retos insospechados.
Muchas veces las buenas acciones tienen consecuencias sorprendentes o no deseadas, como cuando se ayuda a alguien en una situación complicada y luego quien socorre se ve envuelto en una serie de episodios que nunca imaginó, mientras, el socorrido se muestra indiferente y ajeno a la situación que él mismo propició.
Hay muchas máximas que reflejan el significado de esta frase como: “cría cuervos y te sacarán los ojos” donde se revela una afligida realidad que describe a aquellas personas ingratas y traicioneras que “muerden la mano a quien les dio de comer”.
Esta frase también podría interpretarse como una reflexión sobre la ironía de la vida, donde a menudo las cosas no salen como esperamos, incluso cuando estamos tratando de hacer lo correcto en favor de causas, tanto individuales como colectivas y a cambio se reciben inicuos castigos.
Aunque casi siempre afirmamos que los actos más abominables y detestables son la traición y la ingratitud, al parecer las dos execrables prácticas parecen ser las más recurrentes en el comportamiento humano, causando frustración y desencanto a quienes, a menudo, acostumbran a realizar altruistas tareas.
Acabamos de recordar el paso de Jesús hacia el Calvario y uno de sus pasajes más dolorosos, no son precisamente los azotes y agresiones físicas que recibió por parte de la guardia romana, sino la traición de Judas, aquel que, incluso, con premonitoria intención se sentó a su lado y reclinó su cabeza en su pecho, pero no para adorarle, sino como santo y seña para que sus cómplices supieran a quién debían aprender.
«Toda buena acción tiene su castigo» es un recordatorio y una alerta para entender que vivimos un instante muy complejo y que, a pesar de nuestros mejores esfuerzos, las cosas no siempre salen como las idealizamos. Sin embargo, no es una regla estricta, por lo que es importante recordar que muchas veces las buenas acciones sí generan resultados positivos y por eso existen seres valerosos que reflejan con sus comportamientos la gratitud que, como lo he asegurado sin dubitaciones, “es la memoria del corazón”.