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Toda buena acción tiene su castigo

Mar 24, 2025

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El tiempo y la experiencia nos han enseñado que, tristemente, hacer las cosas bien en algunas sociedades no siempre es bien recibido.

 
El progenitor de rectas acciones es visto como una amenaza para quienes, como el tuerto de la famosa analogía, están acostumbrados a reinar en el mundo de los ciegos. 

En un entorno donde imperan la mediocridad y la complacencia, aquel que se esfuerza por la excelencia se convierte en un blanco de resentimiento y oposición, no obstante, y más allá del simple sentimiento de envidia que inevitablemente se manifiesta en los abucheadores, hay una reacción visceral en aquellos a quienes les incomoda el hecho de que alguien llegue a aplicar un estándar más alto basado en la ética, la honestidad y el respeto. 

Para muchos, la llegada de una persona íntegra y competente representa una amenaza para el statu quo, un peligro que pone en evidencia la incompetencia y la falta de mérito de quienes han aprendido a navegar en un sistema donde la mezquindad es la norma.

Este fenómeno, lejos de ser un problema circunstancial, parece estar arraigado en la misma esencia de ciertas estructuras sociales y culturales porque desde tiempos inmemoriales, los innovadores, los visionarios y los reformadores han enfrentado el rechazo de aquellos que ven en la permutación un riesgo para su propia comodidad y poder. 

La historia está plagada de ejemplos de figuras que fueron vilipendiadas en su tiempo por atreverse a desafiar la mediocridad imperante: Galileo enfrentó la persecución por defender sus descubrimientos científicos; Sócrates fue condenado por desafiar el pensamiento común; y tantos otros líderes e intelectuales han sufrido el rechazo de sus contemporáneos por atreverse a elevar el nivel de debate y acción y para no ir muy lejos, solo detengámonos por un instante a leer el Evangelio para entender lo que sufrió y padeció aquel joven de rebeldía sabía que llego a darle cátedra a los encopetados sacerdotes.

En el ámbito profesional y social, esta tendencia persiste y aquellos que destacan por su preparación, experiencia y una hoja de vida robusta suelen ser percibidos como amenazas por quienes han cimentado su posición en la complacencia y el conformismo. 

En muchos espacios laborales y comunitarios, los logros y el esfuerzo son, paradójicamente, castigados con el rechazo, la crítica y el boicot y no es raro encontrar círculos donde todo se censura y se critica, especialmente cuando alguien sobresale por méritos propios y no por influencias, maniobras o alianzas estratégicas.

Pero, es precisamente en estos escenarios donde la verdadera grandeza se pone a prueba y aunque la oposición y las críticas sean inevitables, quienes buscan la excelencia deben mantenerse firmes en sus principios porque la historia demuestra que, con el tiempo, la verdad y la calidad prevalecen sobre la mediocridad. 

Aquellos que se resisten a la rectitud y al progreso eventualmente quedan atrás, mientras que los que persisten en su camino, a pesar de los obstáculos, terminan dejando un legado duradero que, como el alcohol, arde en la herida abierta de los anodinos. 

Así, aunque toda buena acción pueda tener su castigo inmediato en forma de rechazo o incomprensión, a largo plazo, la constancia, la integridad y la excelencia siempre encuentran su recompensa en la historia y en el impacto positivo que dejan en la sociedad, las buenas acciones, los colosales proyectos y las cosas bien hechas. 

Definitivamente en sociedades donde impera el hampa, la mentira, las “triquiñuelas”, la traición y la corrupción al más alto nivel; La honestidad, la ética, la responsabilidad y la imparcialidad serán siempre abucheadas.

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Toda buena acción tiene su castigo

Mar 24, 2025

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